Operación

Operation1

Cuando era pequeña me volvían loca dos tipos de juegos: los de construcción y los que tenían que ver con la medicina. Sobre los 9 años mis padres me regalaron el juego “Operación”, supongo que lo recordareis.

Consistía en un dibujo en cartón de un paciente en la mesa de operaciones sobre una plancha metálica y unas pinzas unidas por un cable a la estructura. El juego tenía una mecánica sencilla, había que extraer los huesos sin tocar las paredes del hueco donde estaban o al paciente se le encendía la nariz y emitía un zumbido. Habías fallado, corre turno, acaba el juego.

Jugué mucho tiempo con el, me gustaba la paciencia, el pulso, el cuidado que había que poner en él, también la emoción que proporcionaban los huesos mas difíciles como la manzana de Adán, el hueso de la fortuna con su forma extraña y su hueco estrecho o el corazón destrozado que una y otra vez se me escapaba de la pinza. Me gustaba tanto que a veces le quitaba la pila solo para poder ensayar sin temor a dañar al paciente y jugar mejor la próxima vez.

Hace unos cuantos días me acordé de aquel juego sólo que ésta vez fue a mi a la que me tocó ser paciente de cartón y ver como sin anestesia me sacaban el hueso de la fortuna aporreando las paredes metálicas sin que pudiera hacer nada por evitarlo. A mi también se me encendió la nariz, y el sistema zumbó tan fuerte que creí que me quedaría sorda.

Las Normas de juego son claras, el cirujano pierde su turno lo que no dice es qué ocurre con el paciente y yo ya no sé si quiero seguir jugando.

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Me tomo la libertad

Ser libre y sentirse libre son dos cosas muy diferentes.

En general en el mundo ‘occidental’ se supone que nuestra libertad esta garantizada. A priori podemos movernos libremente, reunirnos, acceder a conocimientos diversos sin restricciones… llevamos vidas en las que los márgenes de actuación son bastante amplios en cuanto a sus posibilidades.

El problema viene en que muchas veces, aunque la posibilidad existe, puede que no se ejerza porque hablemos claro, aunque no haya una prohibición expresa, si que hay una cierta presión para que hagamos (o no hagamos) algunas cosas.

Ya sea dentro de la sociedad en general o dentro de la dinámica de un grupo, nos sometemos a pequeñas restricciones de nuestras libertades personales, unas veces mas gustosamente que otras.

Y ahí es donde un día podemos empezar a sentirnos no tan libres como creíamos. Ahí es donde vemos que no podemos, no debemos (hacer, ir, leer, decir, ver, oír, o cualquier otro verbo) determinadas cosas si no queremos sufrir las consecuencias que conlleva el atrevernos a salir de lo que corriente general impone.
Y a nadie le gustan las consecuencias porque somos seres sociales y buscamos la pertenencia y la aprobación ya sea de forma consciente o inconsciente.

Pero.. realmente merece la pena?

Merece la pena querer pertenecer a un grupo que solo me quiere como un ser castrado? alguien sin visión, sin posible crecimiento verdadero? merece la pena recortarse a uno mismo para encajar? merece la pena ser la peor versión de ti misma (la resumida, la abaratada, la fácil) sólo para que otros estén contentos?

Creo que no. No lo merece. Prefiero ser consecuente conmigo misma, prefiero la versión original, y que lo que tenga que venir, que venga, que lo estaré esperando.

Poesia para la supervivencia

mariposa

El Placer de Servir

Toda naturaleza es un anhelo de servicio.
Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco.
Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú;
Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú;
Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo tú.
Sé el que aparta la piedra del camino, el odio entre los
corazones y las dificultades del problema.

Hay una alegría del ser sano y la de ser justo, pero hay,
sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir.
Qué triste sería el mundo si todo estuviera hecho,
si no hubiera un rosal que plantar, una empresa que emprender.

Que no te llamen solamente los trabajos fáciles
Es tan bello hacer lo que otros esquivan!
Pero no caigas en el error de que sólo se hace mérito
con los grandes trabajos; hay pequeños servicios
que son buenos servicios: ordenar una mesa, ordenar
unos libros, peinar una niña.
Aquel que critica, éste es el que destruye, tu sé el que sirve.
El servir no es faena de seres inferiores.
Dios que da el fruto y la luz, sirve. Pudiera
llamarse así: “El que Sirve”.

Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos
pregunta cada día: ¿Serviste hoy? ¿A quien?
¿Al árbol, a tu amigo, a tu madre?

Gabriela Mistral

Deconexion en 2

La entrada en escena Rene Magritte
Lo he pensado durante mucho tiempo. Realmente desde el mismo momento en el que salió la noticia, le he dado muchas vueltas en mi cabeza y he cambiado de opinion unas cuantas veces.
Despues de tanto pensar he llegado a una decision. Cuando el domingo messenger deje de dar servicio no voy a actualizarme.
En fin, en su dia lo hice, descargue el programa, inicie sesion un par de veces, vi la desastrosa calidad de la conexion, el horrible
interfaz, las pocas posibilidades de personalización y lo quité.
Volvi momentaneamente a mi viejo pidgin querido que me cuidaba bajo sus alas todas las conexiones de las diferentes cuentas que tengo y ahi me quedaria feliz.
El problema es que pidgin no va a poder soportar en nuevo protocolo de comunicaciones de skype y pensandolo bien no es ningun desastre.
Realmente ya no hablo tanto y quien quiere encontrarme sabe como hacerlo, seguramente de mas de una manera. Por supuesto, puede que todo cambie, que en unas semanas o meses encuentre una alternativa satisfactoria o flojee y me deje arrastrar. Quien sabe que ocurrirá.
Pero por el momento esta es mi decisión, a partir del domingo ya no estaré mas online para mis contactos de messenger.

Despedida

Se murió y a mi no me importó. Ni un suspiro, ni un pensamiento de tristeza, ni por supuesto una lágrima.
Se murió y le hicieron un homenaje y seguramente habría un discurso elogiando su vida, y algunos de los que hablaron en ese púlpito improvisado, mientras seguía vivo le odiaron a muerte.
Es lo que tiene estar muerto, que nadie tiene huevos de escupir sobre tu recuerdo y se cuenta solo lo bueno y si no lo hay, se inventa que total el finado no vendrá a desmentir tus palabras.

Se murió y no fui al funeral ni tampoco al sentido homenaje de sus camaradas.

Yo nunca fui su camarada, no fui camarada de nadie, fui a lo sumo compañera de mis compañeros; de los que conmigo trabajaban y compartían alegrías y el dolor de saberse confrontados con quien debía ser nuestro aliado.   Con él solo hubo trinchera, él en la suya y yo en la mía  la diferencia era que la mía solo me sirvió de parapeto y desde la suya volaron proyectiles hasta el ultimo momento.

Algo me enseñó, no se si debo agradecérselo porque me temo que no lo aprendí todo lo bien que debía, y es a no volver a implicarme totalmente en nada, a que debería nadar y guardar mi ropa mientras le pego fuego a la de los demás.

Adiós para siempre camarada! Espero que no volvamos a vernos porque eso significaría que algo estuvo muy equivocado en mi vida.

Kokoro

 

 
 
El mio desde ayer esta un poquito asi, negro, me merezco un palo (dado desde el cariño pero palo a fin de cuentas) faltar a la recta palabra es una falta grave. A veces una piensa que las soldaduras son firmes y que despues del tiempo ya no se pueden abrir pero al volver sobre ellas el dolor habla por nuestra boca.
Dos puntos menos chica, te caiste de la bicicleta ayer. Habra que volver a intentarlo.

Bicycle riding (again)

El Porton
 
Antes de atravesar el portón
uno puede darse cuenta de que hay un portón,
Se puede pensar que hay un portón que atravesar
y andar buscándolo durante mucho tiempo
sin encontrarlo.
Uno puede encontrarlo
y no abrirlo.
Si se abriera, uno podria atravesarlo.
Mientras se atraviesa,
uno ve que el portón que atravesó
era el yo  que lo atravesó.
Nadie atravesó el portón.
No hubo portón que atravesar.
Nadie encontro un portón.
Nadie jamas se dio cuenta de que nunca hubo un portón.
 
R. D. Laing. "Nudos"
 
vuelvo al sendero.