En modo competente

Cosas, cientos de cosas, miles de cosas, millones de cosas, cientos de millones de cosas, miles d millones de cosas, todas pendientes y saliendo una tras otra, tras otra, tras otra, estoy cabalgando esta ola de eficacia con una energia inusual en mi.

Aprovechemos antes de que tengamos que volver a la playa.

Tintineando

Ha sido un verdadero placer después de estos dias de tanto estudio poder zambullirme casi dos horas en mis 8 o 9 años y  volver a vivir aventuras en paises lejanos a la hora de la merienda.
Volver a pasar sed en el desierto, frio a la deriva en medio del oceano, emocionarme en una persecucion y reirme a carcajadas muchas, muchas veces es la mejor medicina para curar esta ola de preocupacion y mal humor que nos arrastra ultimamente.

Bandera

Mi tienda siempre fuera de los muros. Mi lengua aprendida siempre en otro sitio. Mi bandera perpetuamente blanca. Mi nostalgia vasta y caprichosa. Mi amor ingenuo y mi fidelidad irónica. Mis manos graves y en ellas un incesante rumor de pensamientos. Mi porvenir sin nombre. Mi memoria deslumbrada en el amor incurable del olvido. Lastrada en el desierto mi palabra. Y siempre desnudo el rostro donde sopla el viento.

Tomas Segovia

Cómplice

Todos necesitamos alguna vez un cómplice,
alguien que nos ayude a usar el corazón.
Que nos espere ufano en los viejos desvanes,
que desnude el pasado y desarme el dolor .
Prodigioso / sencillo / dueño de su silencio.
Alguien que esté en el barrio donde nacimos o
que por lo menos cargue nuestros remordimientos
hasta que la conciencia nos cuelgue su perdón.
Cómplice del trasmundo nos defiende del mundo,
del sablazo del rayo y las llamas del sol.
Todos necesitamos alguna vez un cómplice,
alguien que nos ayude a usar el corazón.

Mario Benedetti

Poesia para la supervivencia

Modesto desahogo

Estoy más triste que un zapato ahogado
estoy más triste que el polvo bajo los petates
estoy más triste que el sudor de los enfermos
estoy triste como un niño de visita
como una puta desmaquillada
como el primer autobús al alba
como los calzoncillos de los notarios
triste triste triste de sonreír como un bobo desde los rincones
de ver tallar las cartas en redondo saltándome siempre a mí
de todo lo que se dicen y se dan y se mordisquean en mis narices
estoy harto de quedarme con el saludo en la boca
de salir bien dibujado entre la muchedumbre
para que me borre siempre el estropajo de su roce
de no estar nunca en foco para ningunos ojos
de tener tan desdentada la mirada
de navegar tras la línea del horizonte
con mis banderitas cómicamente izadas
no puedo más de no ser nunca nadie
de que no me dejen jamás probarme otra careta que la de ninguno
de no irrumpir de no alterar el oleaje
de no curvar jamás un tren de ondas
de no desviar a mis corrales la palabra suelta
de que nunca me caiga a mí la lotería de un vuelco visceral
De no poblar ni el más vago sueño ocioso
De saber que ningún mal pensamiento tendrá ya más mi rostro.
Estoy hasta aquí de la avaricia de los privilegiados
de que quieran para ellos solos toda la juventud
todos los influjos en las cosas del mundo
todo el favoritismo de la puta alegría
toda la iniciativa de renuevo y capricho
de que se apropien sin escrúpulos la plusvalía de calor y encuentros
todo el capital de risa y de coloquio
que repartido con justicia
alcanzaría de sobra para alimentarnos a todos
a todos los hambrientos de carne de comunión
y sedientos de vino de comunión
a todos los que están tristes
como faldones arrugados que les cuelgan a los otros
en fin estoy jibosamente desolado
de haber envejecido sin seguro de vida
sin seguro de nombre
sin cavar mi guarida en el espeso ahorro
de no haber cobrado el billete cuando la vida se asomaba a mirarme
de haber tirado siempre deudas al cesto sin mirarlas
y lo que quiero decir es que estoy a fin de cuentas
terriblemente triste de que no me hayáis perdonado.

Tomas Segovia