Los lenguajes del amor

Hace poco me tope por casualidad con este libro “Los cinco lenguajes del amor” de Gary Chapman. Me parecio interesante observar como somos ciegos a algo que puede parecer tan obvio.

Y es que cada uno tenemos una forma diferente de percibir lo que es una demostración de amor y por eso no siempre somos capaces de captar todo lo que nos quieren aquellos que comparten nuestra vida.

Para tu chico una muestra de amor puede ser sacar a pasear al perro un dia de frio y lluvia cuando en realidad te tocaba a ti, mientras que para ti puede que lo que deseas es que te traiga un regalito.

Vamos a ver cuales son los cinco lenguajes del amor:

1 A traves de las palabras
2 Tiempo de calidad
3 Recibir regalos
4 Servicios
5 Contacto fisico

Cada uno tenemos un lenguaje predominante. El mio sin duda es el de la palabra.

Necesito oirlo, que me digan  un “te quiero” o “que guapa estas hoy” o ” que rico te ha salido”.

Nada sofisticado, no es necesario componer un soneto, un “me gustan tus ojos”  es suficiente. Una palabra a tiempo es como un bálsamo curalotodo

Rollercoaster

Como en una montaña rusa hormonal chunga, esa es la sensacion. Necesito sol y un cambio de escenario pero todavia me quedan mas de dos semanas de trabajo.

Creo que buscare unas sesiones de solarium horizontal para que por lo menos me deje de molestar la rodilla y de paso probar suerte a ver si engañando al cuerpo, la cabeza se siente mejor.

Y mientras tanto el animo

Decia Benedetti

” Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.”

Aqui no hay montañas, sólo colinas e incluso valles cerrados, el ánimo lleva decaido un tiempo, por unos y otros motivos que no vienen al caso porque no se pueden remediar.

Intento cada dia , chinchetearme el buen humor para ver si me dura hasta la noche pero no hay manera y ya se me acaban las ideas mientras que el medidor de la mala leche sube y sube como la espuma.

Poesía para la supervivencia

Perdonen que esta vez sea prosa.

Ausencias. Mario Benedetti (Vivir adrede)

Las cosas que nos faltan, cuántas cosas. Las que quedaron en el camino o nunca accedieron a él. Quien más, quien menos, todos llevamos una filatelia de las ausencias.

Hay partidas, adioses de los que no volvieron ni volverán. Aun en las mejores y conquistadas alegrías, sobreviene de pronto un vacío y nos quedamos taciturnos, solos, tiernamente desolados.

Por suerte cuando soñamos vuelven todos, los que todavia son y los que fueron. Y abrazamos fantasmas, almas en pena y almas en gloria. Ellos nos cuentan su impiadosa sobrevida, aunque, eso sí, marcando siempre su territorio, que es solo invierno.

Su exilio tan pasivo, tan inerte, no esta consolidado. Con su martirio, nos martirizamos, quizá porque sabemos que todo eso acaba en un opaco despertar. Viene entonces la fase de ojos abiertos, también llamada insomnio. Allá arriba está el cielo raso, con la araña de siempre en su rincón de redes. Nos faltan manos para acariciar,  labios para besar, cintura que estrechar, cuerpo que penetrar. Todo es ausencia

Los 400 golpes

O más, porque con ruedas en los pies o sin ellas parece que soy altamente propensa a las caídas, golpes y chichones varios. De hecho soy la única persona que conozco que ha embestido dos veces seguidas el mismo escaparate.
Hoy me he dado un golpe en la cabeza, con una barra de acero de esas de las que se cuelgan las perchas en las tiendas.
Me he dado justo sobre la ceja, se me han saltado las lagrimas y he tenido la cabeza atontada un buen rato.
Ya no se si es despiste, torpeza o atontamiento natural