Operación

Operation1

Cuando era pequeña me volvían loca dos tipos de juegos: los de construcción y los que tenían que ver con la medicina. Sobre los 9 años mis padres me regalaron el juego “Operación”, supongo que lo recordareis.

Consistía en un dibujo en cartón de un paciente en la mesa de operaciones sobre una plancha metálica y unas pinzas unidas por un cable a la estructura. El juego tenía una mecánica sencilla, había que extraer los huesos sin tocar las paredes del hueco donde estaban o al paciente se le encendía la nariz y emitía un zumbido. Habías fallado, corre turno, acaba el juego.

Jugué mucho tiempo con el, me gustaba la paciencia, el pulso, el cuidado que había que poner en él, también la emoción que proporcionaban los huesos mas difíciles como la manzana de Adán, el hueso de la fortuna con su forma extraña y su hueco estrecho o el corazón destrozado que una y otra vez se me escapaba de la pinza. Me gustaba tanto que a veces le quitaba la pila solo para poder ensayar sin temor a dañar al paciente y jugar mejor la próxima vez.

Hace unos cuantos días me acordé de aquel juego sólo que ésta vez fue a mi a la que me tocó ser paciente de cartón y ver como sin anestesia me sacaban el hueso de la fortuna aporreando las paredes metálicas sin que pudiera hacer nada por evitarlo. A mi también se me encendió la nariz, y el sistema zumbó tan fuerte que creí que me quedaría sorda.

Las Normas de juego son claras, el cirujano pierde su turno lo que no dice es qué ocurre con el paciente y yo ya no sé si quiero seguir jugando.

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Aire fresco


Es lo que necesito, un poco de aire fresco, aunque sea un soplidito. Cosas nuevas que experimentar, cosas que aprender, encontrar gente nueva, abrir horizontes.
Tampoco estaría mal una buena juerga, con mucho mucho meneo y mas baile. Esto de estar en un stand-by casi permanente me tiene como una leona enjaulada, rabiosa y dando vueltas sobre mi misma.
El tiempo pasa y las cosas no se mueven, se estancan, se fosilizan y hay días que me levanto con ganas de coger una maza y acabar con todo a golpes.

Adiós a las armas

En esta vida hay que saber cuando rendirse y creo que ha llegado el momento de hacerlo.
En este ultimo mes, semana arriba, semana abajo me he ido dando cuenta de que este juego no lo puedo ganar. Abandono, me rindo, dejo las armas.

Nunca conseguí lo que quería
siempre conseguí lo que no quería.
Lo que quiero
no lo conseguiré.

Por lo tanto, para conseguirlo
no debo quererlo
puesto que sólo consigo lo que no quiero.

lo que quiero, no lo puedo conseguir
lo que consigo, no lo quiero

No puedo conseguirlo
porque lo quiero
lo he conseguido
porque no lo quiero.

Quiero lo que no puedo conseguir
porque
lo que no puedo conseguir es lo que quiero

No quiero lo que puedo conseguir
porque
lo que puedo conseguir es lo que no quiero

Nunca consigo lo que quiero
Nunca quiero lo que consigo

Nudos. La trama de los sentimientos R.D. Laing